Resist

Mexico - a story of captivity


Ocurría el verano del año 2000 en Arizona y con mis binoculares visualizaba el escueto pelaje gris pardo que contrastaba con un rosa fosforescente que yacía en el cuello de una hembra de año y medio de la subespecie en peligro de extinción de lobo mexicano.  Nuestra misión era encontrarla, atraparla y llevarla de regreso al área donde meses antes había sido liberada. Sin embargo ella tenía otros planes, emigrar.

Con especial cariño inicie la búsqueda de este ejemplar y al ver su errático andar en aquel verano que la encontramos solo exclamé en mis adentros conteniéndome sin dejar externar toda expresión emotiva que me delatara ante mis compañeros: “¡Buena suerte amiga! Adelante con tu lucha, sigue con tu búsqueda, encuentra tu libertad dejando de experimentar la que yo quiero para ti” después de esto abandonamos el lugar.

Exactamente un verano antes me encontraba en el Blue Range buscando indicios de que la manada de lobos “Pipestem” se había reproducido y tenido crías. El técnico que me acompañaba trataba de explicarme pacientemente qué era lo que estábamos buscando (yo no hablaba inglés en aquel entonces y con señas y palabras inventadas conversábamos).

Llevábamos varios días tratando de tener una buena distancia para observar a la pareja alfa y un juvenil (los cuales habían sido liberados del cautiverio a principios de 1999) para así determinar la presencia de crías. Fue un momento memorable cuando por descuido vimos lo que parecía un coyote observándonos y que después de que paso la emoción por el contacto pudimos darnos cuenta que se trataba de un cachorro de 3 meses de edad, el primer lobo mexicano nacido en libertad después de su erradicación en los Estados Unidos.

Pronto un extenso grupo de trabajo con la tecnología y equipo más avanzado de esa época se nos unió para darle seguimiento a esta nueva familia. Se desbordaba la felicidad por ver a esta especie de nuevo en el campo luchando por subsistir, por existir, resistiendo nuestra mano extinguidora.

Era una familia completa, una pareja a la que se le denomina pareja alfa, un juvenil de un año nacido en cautiverio y las 5 nuevas crías nacidas en libertad.

En su aprender a vivir en terrenos silvestres los tiempos complicaban la tarea y amenazaban con la muerte prematura de las crías. Obtener alimento para 5 bocas más forzó a la pareja a buscar una fuente de alimento, aunque menos nutritiva, de más fácil acceso: el ganado doméstico. 

En Junio de 1999 con profunda tristeza documentábamos la tercera vaca muerta por esta manada, sabiendo que la reincidencia de los lobos a matar ganado domestico por más de dos veces es causa de su remoción del estado silvestre ya sea capturándolos para ponerlos en cautiverio o para eliminarlos con métodos letales de captura.

Los primeros en ser capturados fueron el juvenil y el macho alfa. Al mes de su captura se atraparon a las 5 crías, restaba la madre, un ejemplar altamente inteligente que nos encontraba las trampas, las destapaba y las evadía.

Las crías tuvieron que ser retenidas en una jaula en el área de actividad de la manada para poder mantener a la madre cerca, estado así 30 días en cautiverio. La madre aullaba todas las noches durante este tiempo.

Una mañana de Julio nos acercamos a la jaula en una observación de rutina y encontramos a una cría muerta. Rápidamente evacuamos la jaula por temor a que alguna enfermedad mortal como el parvovirus rondara el lugar. La necropsia y análisis de tejidos confirmaron al parvovirus como causante de la muerte, 2 crías más murieron en los días siguientes. Una vez que evacuamos a las crías y las trasladamos a un centro de atención la hembra abandono el área para ser capturada 3 meses después y ser ubicada en un rancho en la sierra de Picachos a dos horas de Monterrey, la primer madre en dar a luz crías en libertad moriría en cautiverio años despues.

En el verano del 2000 en el que con especial cariño busqué a la errática hembra fue porque ella era uno de los cinco lobos nacidos en libertad y una de los sobrevivientes al parvovirus. La conocí de pequeña y ahora era una juvenil de año y medio en busca de una oportunidad para subsistir. Ese día a través de mis binoculares que la vi caminando, y que caminaba pensativa como añorando paz, estabilidad, seguridad, esperanza, fue la última vez que la vi. Exclamé en mis adentros mis mejores deseos para ella porque estaba seguro que esa era la última vez que la vería.

Siguió su aventura en la lucha por vivir dos meses más. Encontramos su cuerpo a la orilla de la carretera, casi llegando a Flagstaff a más de 300 km del lugar en el que había sido liberada y a 250 km del lugar en donde la vi por última vez con vida, la ultima representante de esa camada de 5 lobeznos.

El lobo mexicano es una de las miles de especies que han resentido nuestro egoísmo. Sin poder lidiar y comprender a la ideología antropocéntrica, el lobo ha subsistido aún en cautiverio. Se pregona como logro humano su eventual reintroducción sin embargo hay un trasfondo oscuro en donde la odisea de esta especie pareciera más un reflejo de la calidad de vida que nos estamos inoculando obligándonos a aceptar la condición actual del humano como la única.

El lobo mexicano tuvo que emigrar a los Estados Unidos de América para subsistir como especie. Ahí encontró la libertad, una libertad sazonada con plomo y acero pero todavía más libres que en México. En México campesinos de Nuevo León le han extendido la mano y contrario a lo que las altas esferas científicas habían pronosticado, el campesino quiere darle una oportunidad a esta especie de coexistir en esta región, no sé si porque la razón no se les ha nublado tanto como lo ha sido en los círculos del poder y el conocimiento o porque ven en el lobo una historia paralela a la realidad de la gente del campo mexicano.

La triste historia del lobo mexicano nos deja un ejemplo de quienes somos, de cómo nuestro mundo violento y egoísta no da respiro ni cabida al derecho de la vida de otros organismos que comparten nuestro mundo y que gracias a ellos pudimos vivir tanto tiempo como especie.

Nahum Sanchez
nahum_sanchez@hotmail.com
Monterrey, Mexico



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